Destacan varios puntos en este artículo de reciente publicación en el International Journal of Obesity mayo 2010: a) existe poca evidencia que sugiera que el sobrepeso y la obesidad en el niño sea un factor de riesgo independiente para hipertensión, incremento en el grosor de la íntima carotídea o morbilidad / mortalidad por enfermedad cardiovascular en el adulto, y la existente es una evidencia débil conforme a los criterios tomados en cuenta en este análisis; ésto puede deberse a la mayor contribución relativa que la grasa magra y la parte ósea hacen al índice de masa corporal en el niño. Lo que parece cierto es la correlación débil al dar seguimiento del IMC que tiene un niño al que presenta al ser adulto. Serán necesarios estudios prospectivos que tomen en cuenta mas detalladamente la composición corporal para analizar esta relación. Los autores tambien contrastan que la tendencia actual es de resaltar aquellos estudios donde se muestra una correlación positiva del IMC en el niño con factores de riesgo cardiovascular en el adulto y se dá poco énfasis cuando existe evidencia de poca o nula correlación.
Esto no quiere decir que se deba quitar el dedo del renglón en la prevención de la obesidad a cualquier edad, pero deben considerarse de manera inteligente y con mayor juicio cuales son las mejores estrategias de intervención en la edad pediátrica. Los estudios prospectivos de seguimiento deberán tener un diseño que permita obtener la mejor evidencia para este fin.
José Antonio Quibrera Matienzo
Cardiología pediátrica







