En 1988 comencé mi entrenamiento en cardiología pediátrica en el Hospital Infantil de México bajo la tutela del Dr. Alfredo Vizcaíno Alarcón. En aquel entonces comprendí la importancia que la clínica adquiere en el diagnóstico de las cardiopatías congénitas y pude aprender el valor de herramientas simples como la radiografía de tórax y el electrocardiograma en la evaluación complementaria de cada caso, integrando en la mente cada pieza en su lugar y limitando las opciones diagnósticas. Recuerdo el nerviosismo de las primeras semanas cuando tuve que obtener los registros de ecocardiografía modo M en los pacientes que llegaban durante mi guardia y, sobre todo, integrar estas raras imágenes en la mente para complementar el estudio del caso. Aún conservo algunas diapositivas de los hallazgos al modo M en casos de pericarditis, conducto arterioso, tetralogía de Fallot, endocarditis tricuspídea y el hallazgo de un colector retrocardíaco posterior a la aurícula izquierda que indicaba la posibilidad de conexión anómala total de venas pulmonares, opción que requería confirmación angiográfica.

El servicio no contaba con equipo de ecocardiografía bidimensional adecuado y los primeros estudios los realizaba esporádicamente el Dr. Carlos Pérez Treviño. Fué con la incorporación de la Dra. Ana María Rodríguez López Domingo que, usando el ultrasonido recién adquirido para los radiólogos en blanco y negro y robándoles tiempo a ellos por la tarde, se inició formalmente su aplicación en la evaluación de nuestros niños. Fuí afortunado en coincidir con ella desde el inicio de mi residencia. Ella se encargó de convencer a las autoridades de esta necesidad y entonces se adquirió el equipo Hewlett Pakard Sonos 100, en el que hice algunos de mis pininos, para después adquirirse los modelos 1000,  2,500 y 5500.

Leyendo el artículo de Mahle, John y Silverman del Cardiology in the Young del 2009, me doy cuenta que en mi entrenamiento llevábamos por lo menos una década de atraso en relación a la disponibilidad de esta herramienta diagnóstica. Por fortuna estas brechas son cada vez menores en las áreas de eco y hemodinamia, no así en las relativas a cuidados intensivos y cirugía donde no se han formado aún los recursos humanos necesarios para cubrir la demanda de atención necesaria en nuestro país.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Share this post: Share this post with the world.
  • Twitter
  • Posterous
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Digg
  • Google
  • LinkedIn
  • Technorati

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>