He de confesar que al leer el título de este reporte publicado el 15 de abril en el New England Journal Of Medicine, me emocioné como siempre ocurre cuando veo algo prometedor en el campo que más disfruto de la cardiología; tuve oportunidad de ver resultados preliminares de este procedimiento en el curso PICCS del 2004 celebrado en Orlando. No puedo precisar si se trataba del mismo dispositivo pero el concepto era el mismo: un broche que se introducía por la vena con abordaje transeptal y se cerraba al capturar las dos valvas de la mitral. Este reporte tiene la virtud de ser prospectivo en un ensayo clínico controlado.
Como bien lo comentan los Dres. Otto y Verier de la Universidad de Washington en el comentario editorial, los resultados no son lo satisfactorio que se espera, partiendo de la base que la cirugía es de muy poca mortalidad y con resultados muy buenos. Si bien se logra reducir la insuficiencia y se obtiene mejoría clínica temprana con menos complicaciones, es decepcionante que se requiera de cirugía en 20 % de casos tan sólo a un año de efectuado el procedimiento; también lo es que a 12 meses persista la insuficiencia en grado 2 o mayor en 47 % de los casos donde se usó el broche comparado sólo con 17 % de los casos quirúrgicos. En la misma editorial se hace notar que los pacientes analizados comprenden dos patologías diferentes, como son la insuficiencia mitral funcional y la debida a a alteraciones anatómicas.
Como ha ocurrido con otros dispositivos, es de esperarse que estos estudios preliminares vayan refinando la técnica y el tipo de pacientes en quien puede ser de beneficio claro su empleo, por lo que aún queda mucho camino por recorrer.
José Antonio Quibrera Matienzo
Cardiología Pediátrica







