Los últimos 14 años de mi vida los he dedicado a la atención en cardiología pediátrica en Culiacán, Sinaloa; imaginé las dificultades que tendría avanzar en el campo quirúrgico, sobre todo al inicio, tanto durante el acto paliativo o correctivo como en el cuidado postoperatorio. Tiempo después de mi arribo, en el año 2001, tuve el gusto de convivir con el Dr. Juan Luis González Cerna, ya retirado del Hospital Infantil de México, e incluso tratar de convencerlo de liderear el esfuerzo de formar el equipo humano y técnico requerido para ello. Su respuesta fué clara y amable: él no podía hacer las cosas a medias y en su proyecto personal de vida no estaba volver a comprometerse en una empresa como esa. Es un hombre de cien por ciento en lo que emprende.
Hoy leo la respuesta que él dió en un cuestionario que le hizo llegar la Sociedad Mexicana de Cirugía Cardiovascular y que aborda el tema anterior: a la pregunta “¿Qué recomendarían a las actuales generaciones de cirujanos cardiovasculares y a los que están en formación para optimizar la práctica de la especialidad y poder impulsar su desarrollo?”, el Dr. González Cerna responde:
“Que formen equipo de trabajo y que incluyan en él a todo el personal que pueda aportar positivamente soluciones a los problemas, principalmente a aquéllos que lo hagan de forma desinteresada y con la única prioridad de la vida de los pacientes; que todas las investigaciones y desarrollos técnicos sean criticados para evaluar realmente qué es lo que aportan en beneficio de la especialidad; que se conviertan en la cabeza del grupo; que presionen a las instituciones para conseguir los recursos materiales y personales para la atención de los pacientes; que aporten conocimientos al resto del equipo para su funcionamiento armónico y que analicen de vez en cuando sus experiencias y resultados para modificar lo que sea mejorable.”
Efectuando una breve síntesis de su actividad profesional, anotaremos que nace el 10 de abril de 1927, estudia la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México de 1944 a 1950, presentando su examen profesional el 9 de septiembre de 1950. Acude como médico visitante y efectúa los cursos de orientación en pediatría, el curso universitario de pediatría y cirugía pediátrica de septiembre de 1950 a febrero de 1956. En marzo de ese mismo año inicia su formación en cirugía cardiovascular en la Universidad de Minnesota en Minneapolis, con una duración de 2 años.
Se integra al cuerpo médico del Hospital Infantil de México Federico Gómez y realiza las primeras cirugías cardiovasculares cerradas en diciembre de1958: cierre del conducto arterioso y derivación espleno renal. En 1959 realiza la primera corrección de un anillo vascular y la primera cirugía de fístula sistémico pulmonar tipo Blalock Taussig. En 1960 efectúa la primera aortoplastía para coartación de la aorta. En 1961 contribuye en la instalación del primer laboratorio de cateterismo cardíaco y de la sala de operaciones de Cirugía Cardiovascular. Inicia el programa de cirugía experimental con circulación extracorpórea en perros. En 1962 efectúa el primer cierre del defecto septal auricular con circulación extracorpórea.
De 1962 a 1965 realiza múltiples correcciones de anomalías intracardíacas comunes como CIA, CIV, estenosis pulmonar o aórtica, etcétera. Participa en los primeros trasplantes renales en niños en el HIM que inician en 1967. De 1965 a 1970 desarrolla la cirugía correctiva de cardiopatías más complejas como tetralogía de Fallot, canal atrioventricular y conexión venosa pulmonar anómala. Efectúa la primera cirugía con hipotermia profunda y paro circulatorio en 1971, técnica que se sigue aplicando hasta la fecha. En la década de los años 70 y 80 este avance permite la corrección de malformaciones congénitas graves como transposición de grandes vasos, tronco arterioso, atresia tricuspídea, atresia pulmonar, con énfasis en la cirugía de lactantes y recién nacidos.
Para el año de 1995 el Dr. González Cerna había llevado a cabo 6,000 intervenciones quirúrgicas para corrección o paliación de anomalías cardiacas o vasculares.
Disticiones académicas cuenta 7 en total, incluyendo la mención honorífica en su examen profesional, premios Nestlé de Pediatría, Medalla Federico Gómez de la Asociación de Médicos del HIM, y el premio Eduardo Liceaga del Consejo de Salubridad Nacional.
Cuenta con más de 40 publicaciones e innumerables participaciones como ponente, profesor o conferencista en distintos congresos nacionales e internacionales. Destaca su publicación sobre enfermedad de Takayasu, considerada muy relevante en el Year Book de Pediatría de la Academia Americana de la especialidad.
Durante su actividad profesional fué miembro de once asociaciones o sociedades nacionales y cuatro internacionales, incluyendo la Society of Thoracic Surgeons y el American College of Súrgeons.
Actualmente se encuentra retirado de la actividad profesional con residencia en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa.
Sin duda, el Dr. Juan Luis González Cerna ha sido ejemplo personal y maestro mío y de muchos otros. La deuda que nuestra especialidad tiene con él es histórica. Y como él mismo lo respondió como un consejo de vida, fué cabeza de grupo que trabajó, criticó, mejoró lo que era posible y presionó para lograr excelencia en la atención del niño con cardiopatía, y lo hizo de forma desinteresada y con la única prioridad de la vida de los pacientes.
Agradecimiento al Dr. Alejandro Bolio Cerdán, por la información vertida en esta reseña.
José Antonio Quibrera Matienzo
Cardiología Pediátrica
