Durante mi estancia en Boston en el Hospital de Niños en 1990, la rutina al recibir cualquier interconsulta o evaluación del paciente por vez primera consistía en la evaluación ecocardiográfica casi inmediata. Los fellows pocas veces platicaban acerca de los hallazgos clínicos y mucho menos de la auscultación, por lo que el estetoscopio se convertía sólo en instrumento ornamental. Recuerdo una sesión matutina que versó sobre estenosis pulmonar y no hubo mención alguna sobre el valor que la auscultación tiene en la evaluación clínica de la gravedad de la misma (soplo prolongado es sugestivo de mayor obstrucción). Tampoco el electrocardiograma era muy socorrido como herramienta de gabinete y, la mayor parte de las veces, todo se remitía al estudio de eco.
Si bien el recién nacido representa un grupo etario especial en donde la clínica puede ser de dudoso valor, este estudio procedente de Grecia y publicado en el Pediatric Cardiology 2011, viene a confirmar el valor que l auscultación aún posee; el pediatra muestra gran habilidad para excluir la posibilidad de cardiopatía congénita, anque falla en su correcta identificación, la cual es mayor en el grupo de neonatólogos que evalúan a los mismos pacientes. Su conclusión es que el valor de la clínica va directamente relacionado a la experiencia del médico y que el paciente recién nacido con soplo, debe ser remitido a evaluación por el especialista o bien efectuar ecocardiograma.
Ahora bien , la nueva recomendación de la Academia Americana de Pediatría establece y reconoce el valor de la oximetría de pulso para detectar cardiopatía, lo cual, añadido a la evaluación clínica, constituyen el mejor estándar de buena práctica que podemos recomendar en nuestro entorno.
José Antonio Quibrera Matienzo
Cardiología Pediátrica