Publicado en 2009 en Fetal and Maternal Medicine Review con autores procedentes de Hong Kong, esta revisión abarca los diferentes métodos de tamizaje disponibles en la actualidad en la detección de anomalías cromosómicas (específicamente orientados a la trisomía 21, por ser la más frecuente). Siendo el cariotipo fetal el estándar de oro conlleva el riesgo de ser invasivo con risgo de aborto relacionado en 1%, lo cual hace que las pérdidas de bebés no afectados superen al beneficio de detección de los verdaderos enfermos. Así, se analizan conceptos como el índice de detección, el índice de falsos positivos y el valor predictivo positivo para la interpretación de resultados y la aplicabilidad de las pruebas. También se diserta sobre las condiciones a tomar en cuenta para usar una prueba de tamizaje, considerando que la información obtenida provenga de su uso en población amplia con varios cientos de individuos afectados, que el proceso del tamizaje envuelto en el desarrollo del modelo se efectuó con buena evidencia, y que existan guías claras y documentación de cómo debe efectuarse el tamizaje,

Sobre de estas bases se presenta la evidencia de los diferentes marcadores bioquímicos del primero y segundo trimestres del embarazo (alfa feto proteína, gonadotropina coriónica humana, estriol no conjugado, proteína A plasmática asociada a embarazo, inhibina A) en modelos de atención de uno, dos o secuenciuas múltiples, que, junto a la translucencia nucal, permitan el mejor índice de detección con el menor número de falsos positivos (sensibilidad y especificidad).

Es de mucha utilidad revisar, sobre todo para aquellos que se dedican al ultrasonido prenatal, conocer el protocolo que debe seguirse para la obtención de la translucencia nucal; su rigurosa observancia, previo entrenamiento y posterior supervisión, hace de este método el mejor método de tamizaje para síndrome de Down, con índice de detección de 76.8 y falsos positivos de 4.2%- Su combinación con los marcadores bioquímicos en un modelo de atención secuencial parece ser la mejor alternativa de tamizaje. Por último se proponen estrategias para naciones en desarrollo con poco financiamiento público.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Los problemas pulmonares observados comunmente en niños con síndrome de Down incluyen infecciones recurrentes y más graves de las vías respiratorias, anomalías estructurales de las mismas, enfermedad quística pulmonar y apnea obstructiva en el sueño. Las características comunes del síndrome de Down como hipotonía musclar generalizada, disfagia y alteraciones de inmunidad pueden contribuir en estos problemas respiratorios crónicos y deben ser considerados en la evaluación y tratamiento que se realiza al niño con Down afectado por dificultades respiratorias frecuentes o persistentes. La cardiopatía congénita, la enfermedad gastrointestinal y la necesidad de cirugía incrementa el riesgo de morbilidad y mortalidad por problema respiratorio. Las anomalías estructurales pueden srr complejas y requerir tratamiento quirúrgico en centros con experiencia en las mismas. Aún en problemas bien conocidos como lo es la apnea obstructiva durante el sueño que se asocian al síndrome de down, son más difíciles de tratar que en sujetos no afectados por esta  condición.

En este comentario editorial del Journal of Pediatrics de febrero del 2011, los autores reportan la información necesaria para la comprensión, abordaje diagnóstico y terapéutico del niño con Down que se ve afectado en sus vías respiratorias.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Escrito por Lindsay D. Allan, este reporte del Cardiology in the Young 2006 nos brinda la información más relevante que este hallazgo de la ecografía prenatal en las semanas 11 a 14 representa en su asociación a defectos cromosómicos, cardiopatías congénitas o anomalías esqueléticas. Relacionado inicialmente con trisomía 21, encontrar un pliegue nucal mayor de 3.5 mm lleva a la necesaria práctica del ecocardiograma fetal en la semana 14 de gastación, dado que constituyen un grupo de alto riesgo, dado que el riesgo de cardiopatía se incrementa proporcionalmente al tamaño del pliegue nucal.  Se menciona que con entrenamiento y práctica adecuadas, la mayoría de las anomalías cardíacas pueden serr diagnosticadas por ultrasonido a la semana 12 de gestación; el hallaxzgo de pliegue nucal incrementado en tamaño puede asociarse a cualquier tipo de cardiopatía.

El mecanismo de producción permance aún elusivo, mencionándose factores de flujo por el ducto venoso, alteración en la linfangiogénsis y en la expresión de factores de crecimiento y alteraciones en la concentración de ácido retinoico.

Definitivamente un reporte magnífico de utilidad en la práctica cotidiana.

José Antonio Quibrera Matienzo.

Cardiología Pediátrica

Siguiendo con el amplio panorama del GUCHD (Growing Up Congenital Heart Disease) que irremediablemente llegarán con el colega “adultólogo”, revisamos este reporte del Congenital Heart Disease del 2010 del grupo de la prestigiada Clínica Mayo. A pesar de las obvias limitaciones de ser retrospectivo y con probable sesgo de ser centro de referencia, comunican los resultados de 57 intervenciones en 5o pacientes adultos afectados con Síndrome Down en 50 años, 15 de ellos con cirugía previa efectuada en su niñez.

Los resultados reportados muestran que la cirugía cardíaca correctiva puede llevarse a cabo con seguridad en el adulto afectado por trisomía 21 (promedio 33 años); las complicaciones no son diferentes a las observadas en estos pacientes cuando son intervenidos de niños: las arritmias auriculares en aquellos con defectos parciales de cojinete o valvulares, la infección pulmonar es menos frecuente que en los niños (relacionado a factores como hipoplasia pulmonar, hipotonía muscular y deficiencia inmunológica concomitante. En relación a la presión pulmonar, ocho pacientes tuvieron elevación de la presión pulmonar y apnea obstructiva preoperatoria, y los 3 pacientes que requirieron traquesostomía por infección pulmonar la tuvieron elevada, reflejando anomalías en las vías respiratoriasw de estos pacientes, como son el menor número de alveolos y la traqueomalacia. La mínima mortalidad y seguimiento satisfactorio promedio a 15 años, establecen la seguridad de la cirugía cardíaca en el adulto con trisomía 21-22.

La imagen corresponde a Pablo Pineda, primer estudiante español en obtener título universitario y ganador de la concha de Oro en la edición 57 del Festival de San Sebastián or su interpretación en la película “yo, también”, ahora convertido en promotor de eliminar las diferencias que la sociedad impone a estos pacientes.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Para mi sorpresa, este artículo publicado en los Archives of Disease in Childhood del 2009, concluye que la cardiopatía con repercusión hrmodinámica (aquella que requiere tratamiento médico, con cianosis o descompensada) es un factor poco importante para hospitalización por sincicial respiratorio. Revisando la diascusión y los factores a los que los autores atribuyen este hallazgo se puede observar la diferencia entre Dinamarca y México. En nuestro país, el nño con cardiopatía puede diagnosticarse tardíamente, sufriendo las consecuencias de la misma (desnutrición, disminución de la función ventricular, hipoxia), acuden a guardería por necesidad de trabajo de la familia y no se corrigen de manera temprana. Mucho por hacer en este sentido.

El aporte de este estudio es añadir al niño con síndrome de Down y a los portadores de cardiomiopatía como pacientes con mayor riesgo de cuadros graves que requieran hospitalización. El palivizumab sigue siendo una opción aunque poco accesible por economía.

Por cierto, alguien me podría informar si el Palivizumab, que se encuentra en el cuadro básico de medicamentos de la secretaría de Saluyd de México está cubierto e integrado al tratamiento del niño con cardiopatía en el seguro popular nueva generación o por el fondo para gastos catastróficos?

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Publicado en Education and Practice del BMJ en 2010, el artículo de Médicos con interés en el síndrome de Down de Oxford resaltan varrios puntos de utilidad en la práctica diaria con estos niños:

a) queda muy claro que la historia natural de los niños con Down y canal aurículo ventricular lleva al deterioro progresivo con disminución en su clase funcional o el fallecimiento temprano.

b) comparando los grupos de defectos de canal aurículo ventricular con y sin afección de trisomía 21 no se observaron diferencias en costos, complicaciones, reoperaciones o índices de mortalidad; incluso los pacientes con Down se benefician más con la cirugía que aquellos no afectados. Por lo tanto el ser portador de trisomía 21 no constituye un factor re mayor riesgo, por lo que la cirugía temprana está DEFINITIVAMENTE indicada.

c) se corrobora que la evaluación clínica no es suficiente para detectar los problemas cardiológicos que afectan hasta el 60 % de los niños con síndrome de Down. El Electrocardiograma con desviuación del eje eléctrico de QRS hacia arriba y a la izquierda es un dato muy sugestivo de canal aurículo ventricular, por lo que este estudio puede diferenciar a los pacientes recién nacidos con este defecto. Efectuar estudio de ecocardiografía en la etapa neonatal (primera semana) tiene el inconveniente de detectar fosa oval permeable y conducto arterioso propios de la edad. Así la propuesta actual de evaluar al recién nacido con síndrome de Down mediante la clínica y electrocardiograma para detectar los casos de canal AV y proceder a ecocardiografía, evitará el inconveniente mencionado.

d) Aunque se ha mencionado una mayor frecuencia de prolapso mitral en adolescentes con trisomía 21 en la adolescencia, los autores mencionan su experiencia de no encontrar este dato en el seguimiento de sus pacientes.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Esta revisión de pacientes con defectos tronco conales con y sin anormalidades genéticas, predominantemente Fallot, muestra que la mortalidad es mayor en aquellos afectados por un síndrome dada la mayo estancia hospitalaria, complicaciones infecciosas y necesidad de apoyo ventilatorio, por lo que se pueden sugerir estrategias de profilaxis antibiótica. Lo interesante y novedoso está en q ue ni la deleción 22q11 ni la trisomía 21 son identificados como factores de riesgo para la sobrevida posterior a la corrección del defecto tronco conal. Llama la atención la mayor necesidad de reintervención po obstrucción residual del tracto de salida derecho en los pacientes con algún síndrome genético. Los autores recomiendan basar la decisión de efectuar corrección primaria sólo en factores anatómicos más que en diagnósticos genéticos. Publicado en el The Journal of Thoracic and Cardiovascular Surgery, September 2009.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica