En la página inicial de Sin estetoscopio, los autores se preguntan “Imaginemos que en un futuro no muy lejano se invente otro aparato que pueda dar mejor información que un estetoscopio. Imaginemos una hoja electrónica de 10 cms que pueda ser colocada sobre el tórax del paciente y despliegue la frecuencia cardiaca, el fonograma de los ruidos cardiacos, el electrocardiograma y hasta los niveles de enzimas cardiacas. Aún con dicha tecnología disponible, ¿cuánto tiempo tardaríamos los médicos en dejar atrás nuestros estetoscopios? ¿Seríamos capaces de “colgar el hábito”? ¿Podríamos practicar una medicina SIN ESTETOSCOPIO?”.
Si bién la pregunta va enfocada a la integración de nuevas tecnologías y de la evidencia científica a nuestra práctica clínica diaria, el advenimiento del ecocardiograma bi y actualmente tridimensional ha venido a constituir lo que el Dr. Alfredo Vizcaíno llama “una autopsia en vida”, refiriéndose a la capacidad de observar a detalle la atatomía cardíaca, agregando la evaluación precisa de su función, y erigirse en el estandar de oro para ello. Así, la auscultación ha pasado a ser una herramienta del pasado y más bien cargada de un simbolismo “mágico” al permitir el contacto físico directo entre el médico y su paciente; como toda herramienta diagnóstica debe ser cuestionada y evaluada en su precisión para determinar sus limitaciones, aún más tratándose de una habilidad que se desarrolla con el tiempo y de manera acuciosa.
Este reporte del Pediatric Cardiology 2011 explora esta exactitud en el neonato asintomático con soplo, población donde la posibilidad de presentar cardiopatía congénita varía del 35 al 50 % en ese contexto, y lo hace en relación a la experiencia del médico, validando su precisión en lo referente a su valor para EXCLUIR cardiopatía congénita (cocientes de probabilidad negativa de 0-09 para el pediatra y 0.03 para el neonatólogo) y mostrando un valor limitado en la detección de cardiopatía en el neonato. Si hablamos de la necesidad de esta detección antes de dar de alta a un neonato en sus primeras 24 horas de vida, agregando la pulsoximetría al examen clínico cuidadoso, será una buena práctica para este objetivo.
Además, sigue siendo un placer personal el desarrollo y la enseñanza de la auscultación como una forma nobtan solo diagnóstica sino de ejercicio mental para comprender la fisopatlología de las cardipatías congénitas.
José Antonio Quibrera Matienzo
Cardiología Pediátrica


