El reporte de Santoro publicado en el Journal of the American College of Cardiology del 2009 resulta interesante a propósito del recién nacido con cardiopatía con flujo pulmonar dependiente del conducto arterioso en quien no es posible efectuar corrección biventricular temprana; estudiando dos grupos con edades y peso inicial similares, se procede a efectuar colocación de malla metálica abierta de alta flexibilidad con aleación cobalto-cromo en el conducto arterioso (45 pacientes) o fístula modificada de Blalock derecho desde el tronco braquiocefálico en 87 (con mortalidad de 0 y 3.5 % respectivamente). La angiografía fué el método de seguimiento y se efectuó en 13 del grupo stent y 14 en el grupo quirúrgico; se efectuó de manera ligeramente más temprana en el grupo del stent;  en ambos grupos hubo incremento significativo en el tamaño de las ramas pulmonares evaluados por índices dd Nakata y McGoon, pero el grupo de stent mostró crecimiento proporcional en ambas ramas, a diferencia del grupo quirúrgico que promovía la desproporción del mismo.

Si bien es una población pequeña, la paliación con stent del conducto arterioso es una opción válida para casos de alto riesgo o con ramas pulmonares muy hipoplásicas donde el resultado quirúrgico pueda no ser óptimo o donde las experiencia operatoria sea limitada. Otros reportes de su uso posterior a trombosis de la fístula está reportado en Rev Esp Cardiol.2010; 63 :1212-3 – Vol.63 Núm 10

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

 

Publicado en 2010 en Catheterization and Cardiovascular Interventions, el grupo de cardiólogos de Leuven en Bélgica revisa su experiencia en 15 casos (en un lapso de 10 años) de recién nacidos con coartación aórtica: cinco prematuros hipotróficos, seis casos con coartación crítica asociada a cardiopatía compleja y 4 con obstrucción temprana posterior a coartectomía o reparación compleja del arco aórtico, en los cuales se implantaron stents coronarios con diámetro de 4 mm. Estos fueron removidos en cirugía posterior dependiendo de las necesidades clóinicas.

Se reporta éxito obteniendo buen flujo trans coaretación en todos los casos y preservandoi la arteria femoral en 13/15. Dos pacientes fallecieron antes de la remoción del stent por causas no atribuibles al procedimiento. En los casos con coartación aislada, se efectuó la reintervención a los 2.8 meses en promedio (0.2 – 5 meses) y en los casos complejos a los 3 meses (0.2 -78 meses). Solo 4 pacientes requirieron reconstrucción extensa del arco aórtico y un paciente aún está en espera de su segunda intervención.

El comentario editorial añadido en la misma revista hace énfasis en el aspecto técnico exitoso que siguieron los autores y en el método idóneo para mantener la anticoagulación (aun por definirse) en el recién nacido. Una opción a considerar en aquellos casos donde la experiencia quirúrgica sea poca o no satisfactoria, o para casos cuya complejidad lo amerite.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

El grupo del Hospital de niños de texas, liderado por el Dr. Charles Mullins publica en el Catheterization and Cardiovascular Interventions del 2010 el seguimiento a largo plazo del grupo inicial de pacientes que formaron parte del estudio para lograr la aplicación de los stent en las ramas pulmonares de 1989 a 1992. los resultados muestran la efectividad de las mallas en liberar la obstrucción congénita o post operatoria disminuyendo el gradiente y la presión del ventrículo derecho a largo plazo, con posibilidad de ser redilatados e caso necesario. La obstrucción de vasos pulmonares al colocar el stent es un riesgo, mismo que se presentó parcialmente en 13/27 y con oclusión total en 5/27, si bien la presión del VD permanece baja y los pacientes asintomáticos.

En la actualidad el Stent es un recurso valioso para el manejo de obstrucción en las arterias pulmonares y este estudio viene a mostrar que su efectividad se mantiene a largo plazo.Para leerse tambien el comentario editorial del Dr. Latson de Cleveland.

José Antonio Quibrera Matienzo.

Cardiología Pediátrica

Nuevamente observamos como sólo la colaboración multi institucional nos irá acercando más a la mejor evidencia científica disponible en cada patología de nuestra especialidad. Estamos inmersos en situaciones donde la diversidad de opciones terapéuticas obliga a no simplificar los resultados, sobre todo al proponer algún tipo de procedimiento intervencionista en niños o adolescentes. Decir que un stent o un dispositivo intra cardíaco soluciona por completo la enfermedad congénita a tratar me parece aventurado.

El artículo publicado en el Catheterization and Cardiovascular Intervention del 2010 por Holzr y Qureshi entre otros, analiza el seguimiento a corto, mediano y largo plazo del implante de mallas metálicas expandibles en la coartación aórtica. Si bien de la población original de 302 pacientes se vió reducida para el seguimiento intermedio (3 meses) a 124 de 283 y a largo plazo (mas de 18 meses) sólo 43 de 221 tuvieron estudios de imagen para ello. Como es comentado por los autores, ésto puede dar un sesgo en los resultados, dado que sólo los pacientes con dificultades pudieron haber sido remitidos para estudio de imagen. Aún así, los resultados son interesantes dado que el éxito inicial (gradiente menor a 20 mm Hg) de 95% se reduce a 86% en período intermedio y a 77 % a largo plazo. Un porcentaje no despreciable (32%) continúan tomando tratamiento antihipertensivo. Las complicaciones como aneurismas o laceraciones de la pared aórtica fueron similares a las reportadas en series quirúrgicas. Aun queda por definir el efecto del stent durante el ejercicio.

Y vuelvo a preguntar: ¿y nosotros para cuando?

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

A propósito de varios casos de coartación aórtica de presentación neonatal que hemos tenido en Culiacán en el transcurso de los años, con deterioro en la función ventricular izquierda lo que aumenta el riesgo quirúrgico, la opción de dilatación o colocación temporal de un stent resulta atractiva y de menor morbi-mortalidad en nuestro medio. Este artículo de Francis del Annals of Pediatric Cardiology del 2009 y los comentarios del Dr Rao en el mismo número parecen confirmar esta hipótesis. Factor de importancia parece ser la selección del globo adecuado que será el promedio de la suma de los diámetros del istmo aórtioco y de la aorta descendente a nivel del diafragma; de no haber respuesta usar un globo mayor que no sobrepase éste último diámetro. En relación a los stents, la recoartación tambien se presenta, debiendo seleccionarse el más corto posible para no dificultar una cirugía posterior; algunos stents pueden redilatarse y se sugiere e uso de mallas biodegradables como una interesante opción a futuro que podría modificar sustancialmente el tratamientp inicial para estos niños.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica

Alguna vez escuché a un cirujano cardiovascular de adultos hacer un comentario sarcástico pero gracioso respecto al procedimiento de cierre percutáneo del conducto arterioso: decía, “si vas a cerrar el conducto por cateterismo, colócale un stent: al fin y al cabo todos se ocluyen”. Este reporte publicado en el Annals of Pediatric Cardiology del 2008 efectúa el análisis angiográfico de la morfología del conducto arterioso en cardiopatías congénitas con flujo disminuido que permitan colocar una malla metálica expandible en su interior para proveer flujo y evitar así la fístula sistémico-pulmonar quirúrgica. No es el caso de su aplicación en el abordaje híbrido del síndrome de ventrículo izquierdo hipoplásico.

Si bien no es un procedimiento en el que existe consenso para su aplicación (esperar artículos de ensayos clínicos aleatorizados que ofrezcan resultados concretos es ilusorio), representa una opción a considerar cuando los resultados quirúrgicos no son favorables, considerando que los pacientes candidatos son generalmente neonatos dependientes de infusión de prostaglandinas. Es claro en el artículo que los conductos pueden tener orígen diverso y trayecto tortuoso y el procedimiento se reserva para aquellos que son candidatos a corrección biventricular y en quienes no exista estenosis de ramas pulmonares previas a la aplicación de la malla. Me parece útil remarcar la descripción detallada que se hace de la técnica y el material a emplear, así como de las proyecciones angiográficas y otros “tips” de utilidad para evitar el desplazamiento del stent desde su introducción a la camisa hasta su expansión defnitiva.

Si bien no reporta resultados de este procedimiento, si abre la puerta al cosquilleo de buscarlos en la red para ponerlos aquí mas tarde.

José Antonio Quibrera Matienzo

Cardiología Pediátrica